De acuerdo con el consejo de los jesuitas
que ya se encontraban instalados en Japón
para el ejercicio de su misión, tres
daimyos (señores feudales) de Kyushu,
organizaron la primera embajada japonesa
a Europa, la cual se dirigió a través
de la ruta Macao, Molucas, India y Cabo
de Buena Esperanza, exclusivamente a Portugal
y a Roma. Por otra parte, el fraile franciscano
Luis Sotelo propuso a Masumune Date, daimyo
de noreste de Japón , una nueva embajada
en la Nueva España y Europa. Masamune
aceptó su propuesta y mandó
una delegación del Virrey en Nueva
España, al Rey de España y
al Sumo Pontífice, con la idea de
que fueran enviados frailes de la Orden
de San Francisco para la conversión
de sus vasallos al cristianismo, y también
la posibilidad de adquirir los conocimientos
de la tecnología de las minas mexicanas
de plata. Este grupo estaba constituido
por tres frailes franciscanos, entre ellos
Sotelo, y ciento ochenta japoneses encabezados
por Rokuemon Tsunenaga Hasekura.
La misión de Hasekura zarpó
el 28 de octubre de 1613 del puerto de Tsukino-Ura
en el barco de Mutsu-maru, llamado por los
españoles San Juan Bautista, y arribó
a Acapulco el 25 de enero de 1614. De ahí
se trasladaron a la capital mexicana en
donde el Virrey Diego Fernández de
Córdoba recibió afectuosamente
al grupo encabezado por Hsekura. En esta
ocasión le entregó la Carta
de Mesamuve Data con sus proposiciones,
entre varias de las cuales requería,
misioneros cristianos de la orden franciscana
para la evangelización de sus vasallos,
pilotos y marinos, libre comercio recíproco
de artículos japoneses entre México
y Japón, y prometía que expulsaría
a los ingleses y holandeses enemigos del
Rey de España que llegaran a sus
dominios.
La respuesta del Virrey a la propuesta de
Masamune Date, fue con cierta reserva, ya
que debería esperar la resolución
de Madrid a este asunto. La recepción
que por su parte ofreció a la delegación
japonesa, fue en una casa cercana a la Iglesia
de San Francisco de la Ciudad de México,
donde les brindó alojamiento. Precisamente
en esta iglesia, fueron bautizados 78 integrantes
del grupo y confirmados por el Arzobispo,
a excepción de Hasekura, quien sería
bautizado posteriormente en Madrid. Dos
meses más tarde, Hasekura, Sotelo
y sus 20 acompañantes japoneses partieron
para Europa, y en su viaje a Veracruz pasaron
por las Ciudades de Puebla y Jalapa donde
fueron recibidos por grandes fiestas y agasajos.
Su salida de Veracruz, junto con junto con
Sotelo y parte de su misión, fue
el 10 de junio de 1614, pasando por la Habana,
para llegar a Sevilla el 5 de octubre de
ese mismo año.
Dos años después de su salida
hacia Europa, Hasekura volvió a México
en febrero de 1617 para seguir su viaje
de regreso al Japón. Al llegar a
Acapulco, fue recibido entusiastamente por
la mayoría de la misión que
había quedado en la Nueva España,
y encontró que algunos de ellos se
habían establecido formando familia
en México. Hasekura llamó
la atención por la forma de verle
vestido a la usanza cortesana de los nobles
españoles. La embajada de Hasekura,
acompañado por Sotelo, finalmente
zarpó en abril de 1618 con destino
a Manila. Cuando llegó al Japón
encontró que la religión cristiana
había sido rigurosamente prohibida
y tuvieron que renunciar a la religión
católica y al bautismo que habían
recibido en su visita a la corte española.
Los primeros intentos por establecer relaciones
comerciales y amistosas entre Japón
y México terminaron en fracaso. México
no estaba entonces en posibilidades de contestar
inmediatamente y positivamente a la solicitud
japonesa por estar sujeto a las disposiciones
del rey español y por la envidias
de los residentes en Manila y Madrid. Por
otra parte, impidió el desarrollo
de las incipientes relaciones comerciales
con la Nueva España, la lucha de
holandeses e ingleses por monopolizar el
comercio con Japón, que ya conocían
también la rivalidad que existía
entre españoles y portugueses en
lo comercial y lo religioso
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